Esta que escribe es mi mente agotada, no tanto de estudiar como de indagar y ahondar en ideas meramente mías. Y no tanto de indagar y sumergirme en ideas tontamente oníricas como de querer bloquearlas. Tal vez todos mis rodeos mentales sean producto de tanto estudio, creo que buscan escapatoria por todos mis poros justo en los momentos en los que ando más cubierta de deberes. La imaginación puede ser tan perversa. El estudio más aún.
[...] y quise construir un cajón de la memoria. Por eso tomé un lipstick con olor a melón (nunca fue mío) que me teletransportaba a un viaje de verano, en donde el destino aparecía vestido de blanco, bajo unos cuantos grados celsius. Abrí mi armario y encontré un perfume, ese que solía rociarme con cierta frecuencia durante esa misma temporada antes de ir a trabajar, y el cual fue producto de más de una broma debido a unos pseudo-efectos provocados. Por último, encontré mi agenda de trabajo, llena de números y cifras, gastos, sueldos, fechas de laburo y días "off"; servilletas dobladas que contenían horarios de trabajo de las siguientes semanas. Ah, y por si fuera poco, encontré una entrada a un museo y varios tickets de compra de los que se obtienen en los centro comerciales luego de pagar; largos y estrechos papeles blancos que me traían a la mente nada más que mis pasos por distintos lugares.
Y ¿qué ocurre si lo único que me ata a esos momentos son mi lipstick, mi perfume, mi agenda y los tickets? Un conjunto de fotos en la memoria de la computadora que puede colapsar en cualquier segundo y unas imágenes mentales y sensaciones inexplicables adheridas a mi propia memoria...frágil. El testimonio parcial de lo vivido plasmado en este espacio y nada más. Porque hasta los kilos demás ya los he perdido.
En aquellos días Zae reconocía su independencia como su más preciado objeto de valor, no cabía en su memoria algo a lo que le haya concedido tanto espacio y entrega como a su discreta libertad. Era una emancipación interna, no necesitaba gritarlo a los cuatro vientos ni que la vieran andar sola por los calles. Le bastaba colmar esos días de insondables pensamientos que luego se guardaría para sí misma y para quien al verla no se conformara con la simple e innecesaria voluntad resguardada tras barrotes. Ella esperaba y prefería pensar en no pensar qué esperar, para no allanar el terreno a la decepción; pero por otro lado, siempre supo de su codicia imaginativa. Así que, aunque no quisiera, siempre estuvo a la expectativa de un "por fin", y vaya que le costó reconocerlo. El problema de la vida es que todo en algún momento pierde sentido momentáneamente, y las esperanzas ciertamente son parte de la vida y, como todo en ella, pueden no existir para algunos. Zae pensaba en lo que pensaba, nunca había estado más consciente del absurdo que supone la vida, y luego de asumirlo y soltar una siniestra carcajada echó a correr. Al pasar por medio de la gente miraba a todas las personas fijamente y sonreía de manera maliciosa, dueña de la vida entera.
A los dos minutos, despertó en la banca, en el extremo derecho, en donde siempre se situaba para observar a todos pasar, ir y venir alrededor de la plaza. ¿Será que más que autonomía lo que a ella le encantaba era la idea de propiciar un encuentro fortuito que determinara su vida, enmendando cada hilo de su enredada incertidumbre? Tal vez en igual medida. Tal vez disfrutara también de sus insignificantes pensamientos, pero tal vez sólo en la medida en que estos pudieran ser compartidos con alguien luego. Tal vez. Tal vez no tuviera nada más que ofrecer más que un cúmulo de pensamientos en soledad agridulce. Tal vez se preparaba para un futuro solitario. Al fin y al cabo, un "por fin" es un enunciado, y es parte de la vida, y como tal puede no existir jamás para algunos.
Curiosamente ambos me recuerdan a algún momento de mi infancia, claro que sería mucho mejor saber a cuál. Creo que es algo así como un condicionamiento clásico en donde el elemento al que están asociados, el capítulo y la canción, ha sido borrado noséporqué.
Al té helado embotellado le asaltan frecuentes dudas existenciales ante el gemido que proviene, para mi sorpresa, de una bolsa de habas reprimidas que luego son desperdigadas bajo la rebelión de mi mano. Esto no es sino, un síntoma de mi aturdimiento, de mi cabeza impregnada de insuficientes normas y necesidades, de una incontenible modorra cuya segunda opción es claudicar, y por último, de un afán por hacer algo (siempre algo más) antes de dedicarme a lo que es debido. Y ahí van de nuevo, mi indomable mano y mis dedos ansiosos y cubiertos de sal, a modelar frente al espejo, sin sutileza ni pudor; es pura vanidad la que los motiva a restregarme en la cara mis más profundas debilidades.
No sabría cómo precisar la dimensión en la que me inserto cuando mis sentidos tienden a neutralizarse en el presente y cuando es mi esencia, mi componente más minimalista, el que es transportado a una de los tantos hitos en la línea trazada por mi cuerpo, mera materia terrenal pensante, en el espacio, en los espacios, en los años.
A veces creo ser un simple generador y re-creador de impulsos emocionales, de recuerdos permanentes, vivaces, de espacios que pasaron por mi gris recorrido a través de mí, porque al fin y al cabo los concibo, desde donde estoy, como ventanales, de esos que primero veo distantes y luego se aproximan a mi círculo vital, se mueven hacia mí de frente, con desenfreno, y yo en ese estado prescindo de medidas preventivas que me puedan auxiliar (como si lo quisiera). Es frente a ellos que me limito a levantar los pies para dejarlos pasar e irse con la corriente tensa que los olvida en el camino y cuyo presagio suele alborotar mentes impávidas como le da la gana. Luego de eso, los ventanales están destinados a regresar al baúl, de donde físicamente nunca salieron, si es que llegaron a existir.
"Hoy podré dormir temprano" - dije sin recordar y me reintegré al espacio-tiempo de un libro sin terminar y auguré un nuevo final al final del nuevo inicio que se avecina y mentí acerca de los rubores e imágenes perdidas y me rescaté a mí misma de lo que prometía ser un poema rígido y eché a andar un grito, una promesa, un viaje de ida luego de un retorno vacilante hice y deshice, a modo de hilo, nudos letales, frases azarosas recontruí historias y agregué elipsis al pasado postergué lecturas de esas que sí he de leer colgué alambres trenzados a caprichos tendí la pereza sobre mi cama sumé grumos blancos en lo bajo de mi techo rompí hojas, se agrietaron ideas gasté tinta y energía ayer y hoy fue miércoles y preferí no dormir y sólo pensar que podía hacerlo.